
Un plátano de 6 millones de dólares: ¿se ha convertido el arte en una idea?
Noviembre de 2024, Nueva York. En Sotheby’s, un plátano sujeto a la pared con un trozo de cinta adhesiva alcanza los 6,2 millones de dólares. La obra se titula Comedian y su autor es Maurizio Cattelan. Pocos días después, su comprador, el empresario Justin Sun, se lo come ante las cámaras.
El público ríe, se indigna, comparte. Pero hagamos una pregunta sencilla: ¿qué compró exactamente? No la fruta, que se repone en cualquier supermercado. No el gesto de una mano, pues no hay ninguno. Adquirió un certificado de autenticidad y el derecho a decir: «esta idea me pertenece».
Y sin embargo, nada de esto es nuevo. En 1917, Marcel Duchamp expuso un urinario firmado «R. Mutt» y sacudió el arte del siglo XX. Desde entonces, la idea pesa más que el objeto. El plátano es su heredero directo, con una diferencia: el mercado lo toma y lo convierte en fenómeno mundial.

Como pintor, siento esta paradoja. Paso horas ante un lienzo, buscando una sombra, una mirada, un silencio. Y el mundo mira un plátano. ¿Hay que lamentarlo? No lo creo. Este plátano es un espejo cómico: nos muestra lo que valoramos, la rareza, el relato, la viralidad, a veces más que la belleza misma.
Pero la tendencia actual revela también otra cosa: un deseo de volver al gesto, a la materia, a la obra hecha a mano, como para compensar tanto concepto y tanta pantalla. Quizá ese sea el verdadero misterio: cuanto más se desmaterializa el arte, más sed tenemos de presencia.
Entonces, ¿plátano o pincel? Quizá ambos, mientras nos hagan pensar.
Y usted, ¿qué compraría: una idea o una pintura?
Henry de Toubeyre.
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